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EE.UU y Cubano Americana, Los cubanos en el Mundo, Politica y Oposición

La República volverá a Cuba

cubarepublicaTodos los pueblos tienen sus historias, sus adelantos y sus retrasos. En Cuba ya el retraso va para 6 décadas perdidas, casi es tanto tiempo del régimen castrista como el de la república libre, pero el futuro siempre es optimista. Muy a pesar de todo Cuba volverá a ser, volverá a abrirse al mundo y los 26 millones de cubanos nos fajaremos por tener un lugar en esa isla que por años puede quedarse pequeña para la grandeza de sus hijos.
Otros tiempos llegarán. Es por eso que estas palabras de Lincoln Díaz-Balart son especiales. Pocos hablan de estas cosas, pero es importante hacerlo. En esta actualidad mareada, el patriotismo se ha perdido y esto puede traer la pérdida de los valores, los cimientos de la nación cubana.

Rescatando la historia deCuba

Entre los crímenes más crueles que ha cometido la anti-Cuba de los Castro contra los cubanos, sobresale el robo de su historia.

Ha habido miles de otros crímenes. Continúan hasta el día de hoy. En algunas formas los crímenes de los Castro están creciendo en intensidad, en violencia y en vulgaridad contra los cubanos. Mujeres desarmadas están siendo golpeadas, escupidas, insultadas. Todos estos son síntomas de la mentalidad de “bunker” de los Castro. Saben que ya sólo inspiran repulsión en el pueblo. Por lo tanto, incrementan su vulgar y violenta represión contra los cubanos. Hay que recordar que los hermanos Castro son mellizos siameses. Uno no puedo vivir sin el otro. Fidel Castro ha podido prolongar su régimen unos años tras la enfermedad que lo dejó casi inmóvil convirtiendo a Raúl Castro en el tirano en funciones.

Pero, sin duda alguna, el robo de su historia está entre los peores crímenes de la anti-Cuba. Como escribió Rafael Díaz-Balart, Fidel Castro no se ha limitado a destruir a una de las naciones más prósperas y felices del continente americano, sino que ha tergiversado la historia en un esfuerzo por demostrar que lo que destruyó valía la pena destruirlo. Comenzó por atribuirle actitudes totalitarias a José Martí, queriendo confundirle con el gobernador militar de la colonia española, el “carnicero” Valeriano Weyler, a cuyas órdenes combatió contra los cubanos el padre del tirano, Ángel Castro. El autócrata de características totalitarias fue Weyler, no Martí; el inventor de los campos de concentración fue Weyler, no Martí. Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano precisamente para dotar al esfuerzo independentista de una dirección política por encima de las estructuras militares. En la guerra, ese partido, como es natural, era el único y al darle categoría de partido político, Martí señaló el sendero de la democracia, para que hubiera unidad -no uniformidad- en el combate y echar las bases del pluralismo democrático en la paz.

De igual forma, los Castro no se han cansado de calumniar a la República, que desde 1902 a 1958 logró situar a Cuba en los más altos niveles de desarrollo económico y justicia social. Es verdad que hubo trágicos y condenables errores en ese período, como los asesinatos de Quintín Banderas, Pelayo Cuervo y otros patriotas, la incomprensión y violación de las reglas del juego de la democracia, y,  sobre todo, el no haber extirpado el foco violento de la Sierra Maestra en sus inicios, cuando era posible hacerlo, antes de que múltiples factores lo hicieran imposible.  Pero la República alcanzó extraordinarios logros mucho antes que otras naciones más antiguas. Y aún con todos sus errores juntos, los errores de la República resultaron insignificantes ante la innumerable nómina de infamias, destrucción, confiscaciones, incapacidad, torturas, miserias y muertes de este sistema brutal e infrahumano que se autocalifica como revolución, una palabra y un concepto, como también solía repetir Rafael Díaz-Balart, que será saludable enterrar para siempre en la Cuba libre.

El otro día leí un tuit enviado por Yoani Sánchez lamentando el vergonzoso espectáculo de un locutor de la televisión cubana teniendo que leer un mamotreto larguísimo publicado por Fidel Castro el día de su cumpleaños. “Da pena”, decía con razón Yoani Sánchez, “el locutor lleva más de 20 minutos leyendo un documento de Fidel Castro hablando del pasado”. No debe sorprender a nadie la renuencia que existe entre los cubanos de hablar de historia, cuando Fidel Castro lleva 54 años mintiendo sobre ella, distorsionándola, pero hablando casi de nada más. Será una difícil pero necesaria tarea rescatar la verdadera memoria histórica de Cuba, defendiéndola y difundiéndola cuando todos los cubanos puedan hablar en libertad.

diariolasamericas.com | Lincoln Díaz-Balart

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