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“Llegará la hora de pagar por estos abusos”

Cuba torturas“Llegará la hora de pagar por estos abusos”
En su blog “Los hijos que nadie quiso” , el preso político Angel Santiesteban” narra la crueldad de los esbirros de la dictadura con los presos indefensos y cómo incluso un miembro del organo represivo declara ““Yo quiero irme del MINIT, esto es una mierda.”
Operativo en el penal: Recluso dormido víctima de los oficiales *

El viernes 12 de julio, a las 6 de la tarde, comenzó el operativo en el penal. Los guardias corrían desesperados, aguantando garrotes y bates. Al cordón, llegaba el refuerzo, sin camisa y en short, con sus fusiles en ristre. La guardia canina le dio a oler una camisa al perro que inmediatamente salió corriendo, quizá burlándose de ellos, porque recién había caído una intensa lluvia; pero era gracioso ver con la emoción con que iban detrás del pastor alemán, ilusionados con encontrar al recluso fugado.

A solo una semana del primer prófugo, que aún no han capturado, y de haber tomado todas las medidas de coacción, consideran una ofensa que vuelvan a intentarlo.

Ahora contaré en primera persona y en presente, lo que narrara un reeducador, avergonzado, sobre lo sucedido:

“Habíamos contado a todos los presos que estaban en las barracas. Ya no teníamos la menor duda de que faltaba un recluso. Para el oficial de guardia que esté el día de la fuga, es el peor demérito, eso le significará que lo degraden, por lo que deben imaginar que ande desesperado por encontrar al fugitivo. Casualmente, el oficial de guardia de hoy, es el Mayor Erasmo, que fue removido de la Prisión del Combinado del Este, precisamente por dos fugas a principio del 2012, cuando era Jefe de Unidad del Edificio 1.

Ahora el Mayor Erasmo es Jefe de Orden Interior, su nerviosismo se ha acrecentado, anda por la planta preguntando a todos los puntos que rodean al penal si han visto algún movimiento extraño. Algunos soldados buscan dentro de la cisterna, en la hierba, sobre los techos.

El desespero es general. A las diez de la noche, tiran por la planta la noticia de que han visto movimiento dentro del comedor, donde se supone que no haya nadie a esa hora. Todos corremos hacia allí. Al llegar, el Primer Teniente y Secretario del Partido de la prisión 1580, Tamayo, ya está golpeando al interno que trabaja allí y que gritaba que se había quedado dormido por las pastillas que tomó. No puedo ocultar que una ira reina dentro de nosotros, que deseamos evacuar; pero la práctica y la madurez nos dice que debemos comportarnos, aunque no todos pensamos igual. Este mismo capitán fue al que degradaron -junto al Teniente Coronel Mediaceja- cuando asesinaron en la Prisión de Menores del Cotorro al recluso Dayron.

Después de que el oficial Tamayo lo esposara con las manos detrás, comenzó el festival de golpes, todos tenían en sus manos bastones de goma, bates, además de los puños. Fueron pegándole desde el comedor hasta el área de las celdas: cincuenta metros de constantes golpizas.

El preso caía y ellos volvían a levantarlo, sin detener los porrazos. Al llegar a la celda, ya estaba esperándolo el Mayor Erasmo, que había sido avisado por la planta, y se sumó a los castigos. Cuando todos tenían sudado el uniforme, quedaron mirándome porque lo tenía completamente seco, no tuve opción, le di una patada que me dolió más a mí que a él, que a esa altura ya no podía sentir nada. Tenía el cuerpo completamente rojizo. De inmediato lo desnudaron y lanzaron dentro de la celda.

Mientras nos íbamos, un soldado me enseñó unos paquetes de pastillas vacíos que encontró alrededor del preso cuando lo sorprendieron en el comedor.

–Entrégalo para que sirva de evidencia –le dije.

En eso llegaron los oficiales Erasmo y Tamayo, que tomaron los paquetes y los botaron por la ventana.

–No va a tener pasaítos de mano; tampoco hagan saber que es crónico ni que toma psicofármacos.

Hicimos silencio y continuamos la guardia por el resto de la noche.

Al amanecer, cuando pasamos el recuento y volvimos a verlo, si no fuera por el número de la celda, pensaría que lo habían cambiado de lugar. Ya no se parecía al que dejamos rojizo y lloroso, mucho menos al que se sorprendió empastillado en el comedor. Teníamos delante a un monstruo, literalmente, con los ojos inflamados y violáceos, elevaciones en el cráneo, el cuerpo completamente morado de las marcas por los golpes de los bastones de gomas, las tablas y bates. Aún lloraba adolorido.

–Se pasó toda la noche quejándose –informó el soldado que cuidaba la celda.

En el suelo había coágulos de sangre.

–Llévenlo al médico y que lo inyecten para los dolores.

Hubo que cargarlo para trasladarlo hasta el puesto médico. Cuando el médico lo vio, no pudo ocultar la impresión que le causó, de inmediato comenzó a palparlo. Los oficiales intentaron detenerlo cuando lo vieron haciendo el certificado médico de lesiones, pero se negó.

–Si este hombre se muere, será responsabilidad de ustedes, hay que trasladarlo a un hospital para un reconocimiento más profundo y estudios con rayos X.

Los oficiales, ahora asustados, se negaron a trasladarlo, saben que llevarlo de esa forma sería un escándalo. Volvieron a tirarlo desnudo en la celda y allí está corriendo sangre, catorce horas después.

Le juro, Político, que la patada que le di fue por la pierna. Esta gente está loca, como si no supieran que en algún momento, llegará la hora de pagar por estos abusos, así me lo advierte la familia de mi mujer que está en España, para que no me inmiscuya en delitos que atenten, sobre todo, contra los Derechos Humanos.

El oficial termina de contarme todo con las manos en la cara.

–Yo quiero irme del MINIT, esto es una mierda.” –me dice.

Luego se aleja temeroso, como quien sabe que en el futuro tendrá que narrar este acontecimiento ante un tribunal que no deba su poder al gobierno ni a las fuerzas represivas.

Ahora no queda más que rezar por la vida del joven que sufre intensos dolores en la celda del castigo.

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