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Actualidad Latinoamerica, CUBA

“El poder cubano ha sido como un Saturno que se come a sus hijos”

Yoani

Una entrevista a Yoani Sánchez ( de Adriana Scialdone y Melissa Franco) que hoy abrirá un períodico en la isla.  El periodismo, según explica la bloguera, ha servido para canalizar la frustración que arrastra su generación. Mas que una periodista popositora , se considera una cronista de la realidad cubana, realidad que niega el discurso oficial. Yoani ha recorrido 16 países en 80 días tras 5 años de secuestro. Deja claro en su entrevista que a pesar de la “reforma migratoria” el régimen tiene una lista negra de personas a las que no se le autoriza viajar. Durante su viaje ha visto con satisfacción cómo el castrismo tiene hoy menos seguidpores de los que imaginaba desde su “encierro” en la isla. Reconoce que mira hacia su país con tristeza y declara: “en Cuba nos han condenado a una parálisis tecnológica que es casi un genocidio informativo y tecnológico. Todo viaje, en este caso, te devuelve más inconforme a la isla, más rebelde, más revolucionario en el mejor sentido de la palabra”.
–Se define como una periodista “especialista en Internet sin Internet”…

–Yo no soy periodista de profesión, soy filóloga e informática por pasión. Con el periodismo he tratado toda esa frustración de la situación que hay en mi país y lo he canalizado hacia mi vida personal. En el blog explico que hay que hacer cualquier cosa para canalizar esa frustración que arrastra mi generación y, en mi caso, el periodismo ha servido para eso. La realidad cubana te provoca muchas interrogantes y las respuestas vienen en forma de viñetas, de pequeñas pinceladas y de crónicas de la realidad. Este periodismo ha tenido mucho impacto porque la sociedad cubana está muy saturada de los dos tipos de periodismo que hay: el quirúrgico, frío, de manual, y el periodismo oficialista de aplauso. Algunas personas dicen que soy una periodista opositora y lo que soy es una cronista de la realidad y en Cuba la realidad es opositora, la realidad es la negación del discurso oficial.

–El Gobierno anunció que llegó Internet a los cyber de La Habana. ¿Qué implica para los ciudadanos?

–Es verdad que se han dado pasos para flexibilizar la navegación por la red, pero los cubanos seguimos sin tener acceso doméstico. Se abrieron 118 locales de Internet públicos a precios realmente prohibitivos, alrededor de 5 dólares por hora, en un país donde el salario promedio mensual está en un máximo de 20 dólares. Después, estos cibercafés públicos tienen censuradas

algunas páginas de noticias sobre Cuba .

–Ha recorrido 16 países en 80 días, una gira importante ¿Cómo ha sido la experiencia?

–Me considero una viajera virtual, pero esos viajes en el ciberespacio no podía realizarlos en la vida real, por la sencilla razón de haber abierto un blog y dar mi opinión. Eso significó un castigo de cinco años, durante los que luché por obtener mi derecho de entrar y salir libremente de mi país. Se hizo una reforma migratoria aunque hay restricciones todavía: hay una lista negra de personas que no pueden viajar. Ya no estoy en esa lista, pero mañana podría estarlo. En la gira he tenido momentos de todo tipo, pero incluso los más difíciles han sido después los más positivos. He tenido experiencias increíbles como conocer lectores, seguidores de Twitter, en definitiva, ver las pasiones que provoca mi blog en un sentido u otro.

–¿Qué es lo que más le ha sorprendido?

–El interés que hay por el tema cubano. Ver que el castrismo está en retirada en la mente de mucha gente. Desde Cuba pensé que quedaban más castristas por el mundo y la verdad es que no.

–A la vuelta a la isla, ¿miró con otros ojos la realidad cotidiana?

–Este viaje lo he tomado como un viaje en la máquina del tiempo, hacia un tiempo en el que en Cuba no estamos todavía. Creo que por eso no nos dejaban viajar, porque todo viaje es oxigenación, es ideas, es contrastar lo que uno vive con lo que viven otras personas en otras realidades. Cuando miro hacia la isla en la distancia la veo como parada en el tiempo, como si mirara una postal en tonos sepias, una postal del siglo XX con casas que no se modernizan, con autos de la primera mitad de la centuria pasada y me da tristeza por mi país. Me doy cuenta de que en Cuba nos han condenado a una parálisis tecnológica que es casi un genocidio informativo y tecnológico. Todo viaje, en este caso, te devuelve más inconforme a la isla, más rebelde, más revolucionario en el mejor sentido de la palabra.

–¿Qué ha cambiado de Fidel Castro a Raúl Castro?

–Raúl se encontró un país en una situación muy crítica desde el punto de vista económico, con una gran insatisfacción social y se dio cuenta de que tenía que hacer algunos ajustes porque si no su poder peligraba. Los ajustes “raulistas” van en la dirección correcta, hacia la apertura. El problema es la velocidad y la profundidad. A este ritmo mis nietos tendrán Internet en 2025 y mis bisnietos derecho a la asociación en 2070.

–Los hermanos Castro ya tienen más de 80 años. ¿Qué pasará en Cuba cuando mueran?

–Uno de los grandes fracasos del sistema cubano es que no supo formar un relevo porque siempre hubo suspicacias con las generaciones más jóvenes. Todo aquel que estuvo dentro del poder, que brilló con luz propia y que tenía menos edad que la generación histórica podía ser arrestado, encarcelado o estigmatizado, los ejemplos sobran. El poder cubano ha sido como un Saturno que se come a sus hijos. Han intentado preparar a un sustituto, el primer vicepresidente Miguel Díaz Canel, y hay que ver en los próximos meses y años cómo van a interactuar con él.

–Pertenece a una generación que nació durante el mandato de Fidel Castro. ¿Será la que traiga el cambio?

–Sí, porque el oportunismo, la máscara y la simulación se han convertido en Cuba en técnicas de supervivencia. Entonces, a veces, los que se cuelgan la máscara dicen que sí, aplauden y aceptan, pero cuando se quedan solos te das cuenta de que no piensan como dicen públicamente y así mismo pasa en los estamentos del poder. Habrá gente que diga que sí, pero el día en que tengan el poder en sus manos se quitarán sus máscaras y se convertirán en los empresarios corruptos del mañana, en los Vladimir Putin del futuro…

–¿Aceptaría el reto de un cargo político en un nuevo gobierno cubano?

–A mí me falta cinismo para hacer política. Además, en la Cuba que sueño lo importante no serán las personas que estarán en el poder, esos serán meros administradores que durarán un tiempo limitado. Me parece que la prensa va a jugar un papel fundamental en la democratización y la reconstrucción del país. Me apasiona este lado, además, me gusta ser la persona incómoda de los gobernantes de hoy y de mañana. Este país hay que reconstruirlo y yo quiero ayudar a ello desde la información. Ese es mi papel y lo tengo muy claro. Lo que pasa es que me ha tocado vivir en un momento en el que tengo un rol político, me guste o no.

Tiene el proyecto de crear un periódico en Cuba…

–Más que un proyecto se ha convertido en una obsesión. Es un sueño el poder fundar un medio de prensa porque en mi país está totalmente penalizado por la ley, pero como yo no soy una persona que espera a que las cosas sean autorizadas para hacerlo, pues vamos a empezar con un periódico digital. La contradicción es hacerlo en un país donde sólo 3% de la población tiene acceso a Internet y donde hay tan poca infraestructura informática para leerlo. Es cierto, pero confío en ese ingenio y ese interés para acceder a la información que tenemos los cubanos. Es un periódico moderno, del futuro, con una amplia cartelera cultural, con mucha infografía, mucha imagen, con mucha información del día a día que los cubanos no tenemos.

–Nicolás Maduro sigue apoyándose mucho en los hermanos Castro. ¿Cómo es percibido en la isla?

–Me preocupa mucho que la relación histórica entre Cuba y Venezuela, que se parecen culturalmente, muy cercanas geográficamente, que comparten pasajes de la historia como una raíz hispana, vaya a lastimarse por un contexto determinado. Estamos en un momento en el que para muchos venezolanos Cuba significa la injerencia, el invasor, y para muchos cubanos Venezuela significa el soporte del régimen. Me preocupa que en un futuro no podamos trascender este momento tan determinado por las personas que tienen el poder en sus manos y no por cómo piensan sus pueblos.

–¿Cómo perciben al presidente Maduro?

–Por un lado, la gente tiene pánico de que se corte el subsidio venezolano, de que se vea afectado por un cambio político. Es una relación muy oportunista, pero desafortunadamente así lo ha estructurado el Gobierno cubano. Por otro lado, esas mismas personas dicen que eso es lo que hace falta para acelerar el ritmo de las reformas, que si no se llega a un límite este Gobierno podrá perpetuarse en el poder.

–¿Qué representa Venezuela para Cuba?

–Evidentemente hay una ascendencia política desde la plaza de la Revolución hacia el Palacio de Miraflores y una ascendencia económica en sentido inverso.

–¿Qué opinión le merece que presidentes como Rafael Correa, Nicolás Maduro y Evo Morales defiendan a Edward Snowden como una acción en pro de la libertad de expresión?

–Hay un abismo entre lo que Snowden significa para mucha gente y lo que estos gobernantes hacen con la prensa en sus respectivos países. Es más, una persona cubana que saque a la luz al menos una gaveta de un archivo de la seguridad del Estado cubano, lo mínimo que le tocaría sería la pena de muerte. Ese mismo Gobierno aplaude y ensalza a Snowden evidentemente para llevarle la contraria a Estados Unidos.

–Usted es una de las blogueras más reconocidas del mundo, ¿eso ha frenado los ataques del gobierno? ¿Se siente más segura?

–Me da una visibilidad que me mete en muchísimos problemas y me convierte en el centro de operaciones de inteligencia, vigilancia, presión y represión. Por otro lado, hace que reparen en mí ojos de todo el mundo. Hay mucha gente en Cuba que tiene ideas y opiniones críticas del Gobierno y lo pasan mucho peor que yo porque no tienen quizás la protección de las redes sociales. Así que soy consciente de que mi blog es mi ala y mi ancla, que es el principal peligro que tengo y la principal protección.

–¿Tiene miedo a la cárcel?

–Todos los días tengo miedo porque en Cuba uno de los elementos más paralizantes de la represión es que no puedes encontrar una lógica, no sabes lo que puede pasarte. Uno tiene siempre la impresión de que mañana podría estar en prisión. Aunque los métodos represivos del Gobierno cubano beben mucho del matonismo, del movimiento gánster y a veces no te tocan a ti sino a las personas que quieres.

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