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Actualidad Cubana, CUBA

También la Cocina Cubana se fue al exilio

Un reporte de un turista que ha visitado muchos destinos en el mundo ante la pregunta  dónde ha comido peor, sin dudas responde,  que en Cuba y nos explica cómo en la Cuba del Castraco la comida no se prepara, se perpetra. El reporte no tiene desperdicio y aunque duele leer una cosa así, tiene muchos visos de ser verdad lo que dice. La comida cubana ha fallecido en la isla,  por suerte en muchos paises se cuida con esmero y cuando todo vuelva a la normalidad, la comida cubana renacerá con todo su esplendor. Muchos han sido los inventos del Castraco en este tema, se eliminaron ingredientes básicos, especies, la comida es la misma para todos. Entre los grandes desmanes del Castraco está precisamente sustituir la comida tradicional cubana por recetas rusas, europeas, asiaticas, desaparecer la frita,  el pan con mantequilla, el ajiaco,  esfumar  la carne de res, introducir la carne de soja, eliminar las viandas casi por completo, así como las frutas y las verduras y hortalizas. Comer en una cárcel, ya se sabe no es lo mismo…

El sitio donde peor he comido en mi vida es…
Por: Paco Nadal | blogs.elpais.com.
Un cruce de tuits ayer con El Comidista sobre la gastronomía de islas “paradisiacas” me llevó a pensar: ¿en qué sitios he comido bien y en qué sitios he comida mal a lo largo de mi vida viajera?
Desde luego, la zona del Caribe y las islas “paradisíacas” en torno a la línea del Ecuador no son los mejores sitios del mundo para deleitarse con la cocina. Tienen buenas materias primas (pescados, mariscos y frutas), pero ninguna tradición culinaria.
La gastronomía es cultura. Y la cultura se atesora con paciencia a lo largo de la Historia. Por eso las mejores gastronomías del mundo están en países o zonas geográficas con larga historia: China, India, toda la cuenca del Mediterráneo (es excelente la cocina del Magreb, así como las de Grecia, Francia, Italia, España…). Las culturas precolombinas de Latinoamérica también generaron dos gigantes culinarios: México y Perú. En el sudeste asiático se come muy bien en Tailandia, otra potencia cultural hegemónica en la zona durante siglos. Y qué decir de Corea o Japón.
Luego hay brillantes sorpresas donde menos te lo esperas. Recuerdo el deleite de la injera en Etiopía, el plato nacional hecho con una base muy fina de pan de harina fermentada y de complejo sabor ácido sobre la que se colocan guisos de carne y vegetales. O los excelentes restaurantes de cocina francesa de Madagascar, producto de la herencia colonial, donde probé algunos de los mejores foies y confits de canard.
¿Cual es el país del mundo (de los que están en los circuitos turísticos) en el que peor he comido en mi vida? No tengo ninguna duda: en Cuba.
Que perdonen los cubanos; su isla es maravillosa y tiene muchos encantos. Pero la cocina no es uno de ellos. En Cuba la comida no se prepara… se perpetra. A excepción de algunos buenos paladares (negocios privados aceptados por el régimen), donde procuran dar un servicio y una calidad aceptables a pesar de las limitaciones, el resto es tierra quemada.
Y lo malo de la isla no es que solo haya arroz, frijoles y carne de cerdo. Y unos camarones pequeños y congelados que no saben a nada. Siempre lo mismo: arroz, frijoles, cerdo y camarones. (imagino que el desabastecimiento será una perversa combinación entre el embargo norteamericano y la ineptitud de un régimen para producir otras cosas en una entorno climático y una tierra en donde con un poco de buena planificación crecería de todo).
Lo peor de la cocina cubana es la desidia de los restaurantes estatales, que son la mayoría. A veces no sabes si los cocineros trabajan “para” o “contra” el cliente y las carnes suelen rivalizar en lozanía con la momia de Tutankamón. No he visto en ningún lugar del mundo tanta desgana, tanta apatía y tan poco cuidado con el producto que elaboran como en estos locales estatales de Cuba. Son mejores los músicos que amenizan la estancia que los que están a cargo del fogón o el servicio de mesas.
Recuerdo un viaje de dos semanas en coche por toda la isla. De vuelta a La Habana y harto de arroz, frijoles, cerdo y camarones, descubrí en una calle del centro un restaurante chino. “¡Estupendo!, exclamé. Me voy a dar el placer de cenar sabores diferentes”.
Mi decepción fue mayúscula al comprobar que todo, desde los rollitos primavera hasta el pato laqueado, ¡estaba hecho con arroz, frijoles, cerdo y camarones!

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