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Actualidad Latinoamerica, Sociedad y Gentes

Las “ministraciones” de un pastor evangélico que abusaba sexualmente de sus fieles

Álvaro Gámez Torres desarrollaba en sus fieles una sumisión total, un “mandamiento de obediencia total”. Inició una práctica denominada “Ministración”( despedida con un beso en la boca) con las jóvenes fieles y desarrollaba la danza de las “Doncellas” en la congregación. Entre las actividades de sumisión estaba la de someterse a la penetración del miembro viril del líder. Nicola da Gana para Cubaout
Globovision/ Conozca al “pastor evangélico” que abusaba sexualmente de sus fieles
Investigadores del CTI de Pasto en el departamento colombiano de Nariño recogieron sorprendentes testimonios en contra de Álvaro Gámez Torres, pastor de la Iglesia Evangélica Salem, quien hace una semana fue denunciado por abusar sexualmente de sus fieles.
El caso causó gran impacto a nivel nacional. Muchos se preguntaron cómo lograba doblegar a sus fieles hasta tal extremo. Testigos revelaron la estrategia utilizada por el pastor:
Gámez se ganaba la confianza de sus fieles. Les inculcaba un “mandamiento de obediencia total”, los obligaba a leer solo la Biblia y les prohibía acercarse a otros libros. Tampoco podían tener amistades ajenas a la iglesia de Salem. Además, la única música que podían escuchar era la cristiana, especialmente la interpretada por el propio Gámez.
Gámez era la única persona a quien podían obedecer. Para dar ejemplo de su ostracismo, Gámez retiró el nombre de la iglesia de la Asociación de Pastores de la capital nariñense.

En la iglesia Salem ya se había instaurado un rito denominado Profecía, en el cual el pastor Gámez convencía a sus fieles de que él tenía la facultad de comunicarse con Dios, recibir sus mensajes y transmitírselos a ellas.

Con el enajenamiento de las primeras fieles que comenzaron a creer ciegamente en el pastor, inició otra práctica denominada “Ministración”, un acto que consistía en despedir de beso en la boca a la fiel que acababa de orar y luego recibir una profecía susurrada al oído; con eso, supuestamente, se les garantizaba la Divinidad de Dios.
El pastor se aseguraba de que las jovencitas que apenas estaban entrando a la sumisión total vieran “ministraciones” (besos en la boca para despedirse) como algo normal. El siguiente paso era integrarlas al grupo de danza de la congregación. Al séquito se le denominaría “Doncellas”. Se hacían largas jornadas de adoración, testimonios de salvación, interpretaciones de la Biblia y demostraciones de que Álvaro Gámez Torres era dirigido por los designios de Dios.Leer mas

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