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Actualidad Latinoamerica, CUBA

#Cuba: Oswaldo Payá, “…. la Iglesia, como el pueblo y con el pueblo, sigue siendo víctima de la opresión”

Oswaldo Payá: “No podemos dejar de denunciar el malestar experimentado por muchos, católicos o no, ante maniobras irrespetuosas y arrogantes del régimen antes, durante y después de la visita del Papa. Los ultrajes van desde la imposición a trabajadores y militantes comunistas asistir a misas, suplantación paramédicos de Cruz Roja por agentes represivos. Muchos opositores pasaron esos días en calabozos, o confinados en sus casas, vigilados y amenazados. La oposición que dicen ‘no existe en Cuba’ ha sido la que durante décadas ha luchado abiertamente por los derechos de las personas, la libertad (también religiosa) y reconciliación”.

Queremos cambios verdaderos con transparencia no se nos imponga el fraude. Por Oswaldo Payá Sardiñas.MCL
El Movimiento Cristiano Liberación nació inspirado en el Evangelio que es la fuente del humanismo cristiano. Aunque no es un movimiento confesional, muchos de sus líderes y militantes son miembros activos de la comunidad católica; otros no se identifican o practican una religión. Nuestra raíz cristiana nos inspira para dirigirnos a ustedes, Obispos, sacerdotes, mujeres y hombres consagrados, pastores de las comunidades, laicos y todos los cubanos dentro y fuera de Cuba. Estos son momentos de peligros y esperanzas para Cuba. La falta de libertad y derechos mantiene sumergido al pueblo en grandes desventajas. El Gobierno complica la situación porque niega la apertura democrática y mientras queremos cambios verdaderos con transparencia, no se nos imponga el fraude.
En Cuba, la iglesia católica, aunque perseguida, ha estado siempre junto al pueblo y proclamando el Evangelio. La confusión que se ha generado a partir de posturas políticas, tomadas por quienes se han convertido en los únicos voceros y responsables de la imagen pública de la Iglesia, no le hace justicia ni a ella ni al pueblo. La confusión se produce porque no es fácil distinguir la misión y autoridad del Arzobispo de La Habana como pastor, a quien respetamos, de su discurso y accionar políticos, que se hace sistemáticamente, proyectando como la posición de la iglesia y sirve de plataforma de poder excluyente y privilegiado a un pequeño grupo de laicos que se comportan como ‘el partido’ en la Iglesia. Se alinean con la doctrina del cambio-fraude generada por el propio régimen y propagada por sus voceros y cómplices, mas sabemos que la Iglesia no se identifica con esa ni con ninguna otra posición política. La Iglesia ni tiene, ni es un partido. El núcleo de la doctrina del cambio-fraude consiste en negar los derechos al pueblo y sustituir los cambios a la democracia verdadera por la continuidad del totalitarismo. Supone que la única opción de la sociedad cubana es dar el voto de confianza a Raúl Castro y su gobierno. Esta doctrina de la continuidad del totalitarismo tiene, entre otros, los siguientes propósitos:
– Negar existencia de oposición, desprestigiarla y negar que tengamos alternativas de cambios. – Presentar escogidos como únicos interlocutores posibles y capaces al diálogo con el Gobierno. Un único sector, supuestamente independiente, después de negar existencia de la oposición o descalificarla. – Sustituir el Diálogo Nacional, que proponemos, por una negociación en las alturas, excluyente, elitista y sin transparencia. – Compensar estado de destierro y humillación de los cubanos de la diáspora con supuesta inserción en el mismo sistema político, sin derechos, que los condena a su condición de exilados. – Continuar negando a los cubanos el derecho a salir y entrar libremente a su país, sustituyendo este derecho por lo que llaman transformaciones en regulaciones migratorias. – Rebajar dignidad de los cubanos propagando la injuria que no quieren, ni merecen derechos políticos, sólo aspiran a vivir mejor económicamente. – Legitimar y consolidar desigualdad despiadada, garantizando privilegios de los poderosos y status de nuevos ricos al estilo capitalista, mientras condena la pobreza a mayoría de trabajadores y desempleados bajo el lema cínico de que ‘cambios es más socialismo’. – Atribuir condición de ‘cambios’ a medidas que facilitan algunos negocios privados, mientras el régimen insiste que no realizará cambios políticos, ni apertura a los derechos.
Alineación de algunos laicos católicos, no representativos de la mayoría, con esa doctrina o estrategia del Gobierno, les ha dado poder dentro de la Iglesia para dominar publicaciones como Espacio Laical y Palabra Nueva, centros de contenido cultural y eventos. Imponen líneas, determinan a quien excluir o incluir y actúan como comisarios políticos, en el estilo represivo del Gobierno. Repiten hasta la saciedad que la oposición no existe, nos tratan como rivales e intentan descalificarnos. Lo escandaloso es que se involucran en la legitimación de este cambio–fraude y comprometen la identidad de la Iglesia.
No podemos dejar de denunciar el malestar experimentado por muchos, católicos o no, ante maniobras irrespetuosas y arrogantes del régimen antes, durante y después de la visita del Papa. Los ultrajes van desde la imposición a trabajadores y militantes comunistas asistir a misas, suplantación paramédicos de Cruz Roja por agentes represivos. Muchos opositores pasaron esos días en calabozos, o confinados en sus casas, vigilados y amenazados. La oposición que dicen ‘no existe en Cuba’ ha sido la que durante décadas ha luchado abiertamente por los derechos de las personas, la libertad (también religiosa) y reconciliación.
La Iglesia sirve con amor y sin distinciones, ha sido y es espacio de libertad y tolerancia, mientras el régimen la ha negado en la sociedad. Consideramos que esas expresiones políticas tan parciales y alineadas con la doctrina oficial, no reflejan el sentir de la comunidad católica, sí demuestra la falta de comunicación y diálogo dentro de la iglesia y espacios para contrastar opiniones. La iglesia puede promover el Diálogo Nacional si dialoga con todos y ser mediadora si reconoce y acoge todas las partes. No le pedimos espacios políticos, ni tome posiciones políticas. Hemos luchado por espacios y derechos para todos.
En la Iglesia hemos tenido y agradecemos, solidaridad, acompañamiento espiritual y humano, pero jamás hemos pretendido convertirla en tribuna ni exigir en los templos derechos, cuando sabemos que es el Gobierno quien los niega y roba al pueblo, sería confundir a otra de las víctimas con el verdugo. Y la Iglesia, como el pueblo y con el pueblo, sigue siendo víctima de la opresión, pero también casa de todos y antorcha de la esperanza.

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