Por Luciérnaga Curiosa

Todo parecido con la realidad no es pura coincidencia. Desde Chávez con sus vomitivas cadenas, “Mi casa bien equipada” y la Ley Resorte, hasta Cristina Férnández, la feminista que adoptó “desinteresadamente” el apellido de casada Kirchner, con sus cadenas cada véz más frecuentes, su “LCD para todos” y su polémica nueva ley de medios este modelo goebbeliano de control y manipulación de la información no cesa en su avance en muchos de los países de la región, tristemente apoyados obsecuentemente por todos aquellos que de dicen progresistasy que fueron los primeros a quien la propaganda oficial fagocitó. El filósofo Tomás Abraham lo explica desde su perspectiva, la filosófica y vale la pena su lectura.
El cáncer de Chávez y todo lo que rodeó a su estancia en Cuba y posterior viaje a Caracas, son el ejemplo más contundente y patético de lo que el poder puede hacer. No se trata de la verdad del poder si no de la mentira del poder, y Tomás Abraham lo sintetiza así: “Esta operación de estafa consensuada con beneplácito unánime se condensa en la sentencia siguiente: toda verdad reside en un poder. La verdad del poder en lugar del poder de la verdad. Los aficionados a la filosofía disfrutan de esta afirmación que remitiría a filósofos de vanguardia como pueden serlo Nietzsche y Foucault, y con figuras de tal envergadura la legitimidad revulsiva y demistificadora estaría asegurada. El problema es que hemos confundido los términos. No se trata de la verdad sino de la mentira. Es la mentira del poder.”









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