Me gustaría intentar por unos minutos pensar qué habría dicho Chávez y todos sus esbirros de partido si hoy fueran oposición y un hipotético presidente atravesara lo que Chávez y se comportara como Chávez. Cómo atacarían ferozmente todo lo indefendible que hoy defienden con tosudez y sin inteligencia. Pero más allá de todos estos comportamientos serviles, interesados y rastreros, lo que revelan es su enorme espíritu antidemocrático y populista. Pretenden manejar a las masas como si objetos fueran, y lo triste es que no haya ni un solo partidista que objete tal actitud. #palantecomandante que Venezuela va pa’trás. Luciérnaga Curiosa
BBC/ Cuando el presidente se enferma, unos callan más que otros
Por Fernando Peinado Video
Muchos venezolanos no pudieron evitar el miércoles pasado la comparación de su gobierno con el de Argentina.
Cuando la presidenta de ese país, Cristina Fernández, fue hospitalizada tras resbalarse y darse un golpe en la frente al término de un acto en Buenos Aires, el parte médico se hizo público a las dos horas.
Un portavoz se encargó de leerlo ante los numerosos periodistas que esperaban a las puertas del hospital privado donde ingresaron a la mandataria argentina. Precisó que Fernández tenía solo un pequeño corte y un hematoma en el cuero cabelludo y que se le practicaron dos tomografías, una cerebral y otra cervical, que no mostraron ninguna lesión.
Era una información breve, pero más completa que la que se conoce sobre la enfermedad del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, a 18 días de que su canciller anunciara que fue operado en Cuba de un absceso pélvico.
Aún hoy, ni siquiera se sabe en qué hospital está internado.
El hermetismo que rodea al caso de Chávez es un “ejemplo extremo”, según los analistas consultados por BBC Mundo.
Para ellos, cuando un mandatario se enferma en otros países es habitual que se difunda el parte médico diario y que los periodistas tengan acceso a los doctores.
Aunque los gobiernos tienen en estos casos un amplio margen para administrar la información que quieren que se conozca, los activistas de la libertad de expresión exigen que rija el principio de máxima publicidad.
“La salud de un dirigente no debe ser secreto de Estado”, sostiene el abogado argentino Ezequiel Santagada.
“Los gobiernos sólo deberían recurrir al silencio cuando hay pruebas más que razonables de que puede verse afectada la seguridad del país, como en una situación de guerra”.
“Derecho a saber”
Hasta hace unas décadas era común que se escondieran los padecimientos de los dirigentes.
Así, los estadounidenses no supieron de los graves problemas de salud que aquejaron a Franklin Delano Roosevelt durante la Segunda Guerra Mundial, durante los últimos años de su presidencia; ni los británicos que su primer ministro Winston Churchill sufrió una apoplejía en 1953 mientras cenaba en el número 10 de Downing Street con su homólogo italiano.
Y en uno de los casos más sorprendentes, el mandatario François Mitterrand le ocultó a los franceses un cáncer de próstata durante más de diez años, hasta que la gravedad de su estado de salud lo llevó a revelar el secreto en 1992.
La situación ha cambiado en los últimos años, al menos en las democracias con mayor tradición de Europa y en Estados Unidos, según la británica Helen Darbishire, que dirige en Madrid la asociación Access Info.
Esta activista cree que casos como el de Miterrand son hoy poco probables en muchos países europeos porque, entre otros motivos, existen leyes de acceso a la información.
“Cualquier periodista o ciudadano puede rellenar una solicitud de acceso a un documento público como, en este caso, un parte médico. Pero en la práctica no es necesario porque se espera que los portavoces den el máximo número de detalles sobre la salud del cargo del cargo del gobierno que esté enfermo”, dice Darbishire.
“Los ciudadanos tienen derecho a saber si su dirigente sigue estando capacitado para dirigir el país”, agrega.Leer mas









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