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Desde Cuba OUT

Algo se mueve en Cuba….

El día en que esa dictadura muestre un solo signo de aparente debilidad, un germen de contestación invencible brotará en el seno de las calles, de las casas, de las oficinas, de las escuelas, de las universidades, y la población perderá el miedo, cuya ausencia es uno de los dos ingredientes imprescindibles para enfrentarse al poder (el otro es el hastío, la hartura, la agonía).
Desde Libia hasta Cuba por Carlos Herrera
¿PUEDE, en un país como Cuba, sin ordenadores personales, sin Internet generalizado, sin redes sociales efectivas, extenderse una revuelta que ha afectado a dictaduras de trazo semejante, aunque menores, en el norte de África? Probablemente no. ¿Puede, no obstante, actuar como espoleta de la revuelta el hartazgo de una población depauperada, sin libertades esenciales, coincidiendo con el aniversario de la muerte en rebeldía de un disidente como Orlando Zapata? Ya tengo mis dudas. No debemos confundir deseos con realidad, ni pensar en lo que nosotros haríamos si estuviéramos allí: a nosotros no nos amenaza un sistema represivo casi perfecto ni nos acobarda la dureza probada de un régimen que tiene el suficiente número de mercenarios y policías como para aplacar al más pintado. Nosotros somos muy valientes porque vivimos en un sistema garantista en el que decir lo que se piensa no es objeto de cárcel. Ellos, los cubanos, saben muy bien cómo se las gasta el comunismo revolucionario de los hermanos Castro y cómo se paga la disidencia: con cárcel, con destierro o con la muerte. Sin embargo, algo se mueve en Cuba a la misma vez que el régimen va dando muestras de envejecimiento ideológico. Si Cuba no fuese una isla y estuviese rodeada de países en los que el ejemplo de la revuelta demostrara que se puede desalojar a un dictador del poder con la voluntad arriesgada de sus ciudadanos, no le arrendaba yo las ganancias a la artrósica nomenclatura cubana. El día en que esa dictadura muestre un solo signo de aparente debilidad, un germen de contestación invencible brotará en el seno de las calles, de las casas, de las oficinas, de las escuelas, de las universidades, y la población perderá el miedo, cuya ausencia es uno de los dos ingredientes imprescindibles para enfrentarse al poder (el otro es el hastío, la hartura, la agonía). En Libia, país al que defiende y admira el socialismo cubano, un nutrido grupo de súbditos irritados está a punto de acabar con cuarenta y
dos años de dictadura de un sujeto a medio camino entre el vodevil cómico-folclórico y el patetismo propio de los discursos inflamados y justicieros. Gadafi caerá, antes o después, porque es imposible vencer la voluntad de la mayoría de la población si ésta ha perdido el pavor reverencial al poder. Así como en Cuba sabemos qué podría haber después, ya que las alternativas son combativas y visibles, en Libia no sabemos qué nos espera después del tipo con pinta de folclórico avejentado que se defiende a manotazos bárbaros y calientes. Gadafi nos venía muy bien porque nos daba petróleo, nos impedía avalanchas de inmigrantes hambrientos y nos controlaba a los malos de la muerte que soñaban con atentar en Europa así se torciese la luna. Una vez eliminado el líder beduino puede resultar que aparezca cualquier iluminado con el Corán bajo el brazo dispuesto a ajustar cuentas con un Occidente que ha consentido sin rechistar todas las tonterías del autor del Libro Verde. Problema de nuestras lumbreras en materia de exterior será embridar ese jaco, pero problema de todos será buscar suministros de energía alternativos que nos garanticen el agua caliente de la ducha de todas las mañanas si estos tíos cierran el grifo. Cuba, en cambio, no nos vende nada, está muy lejos y lleva muchos años con lo mismo. Cierto es que forma parte de la nostalgia familiar de España, pero, desgraciadamente, parece que nos hayamos acostumbrado a que sea la finca privada de una ideología criminaloide. ¡Qué sorpresa se llevarían algunos si mañana los cubanos salen a la calle a reclamar lo que les corresponde, la libertad, como consecuencia del latigazo contagioso del bajo vientre del mediterráneo! Deseandito estamos algunos.
Publicado en ABC

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