La ola de protestas acorralan a Mubarak que anuncia cambio de gobierno y reformas, está por ver qué deciden los ciudadanos que han comprobado que sí se puede y están hartos de la corrupción, los abusos de poder, la represión, las violaciones de los derechos humanos ,el empobrecimiento. El país se hunde en el caos.Los ciudadanos desafían la brutal represión, los tanques recorren las calles, el miedo se ha evaporado, la ira ha ocupado su lugar . Hasta el momento suman 29 los muertos por las revueltas que no parecen detenerse. Los ciudadanos quieren el cambio real, no simples maquillajes, mas de lo mismo. La Unión por la libertad y la democracia ha sido la clave, las diferencias han sido aparcadas. Galería imágenes de las protestas en Egipto
EL País/ Mubarak hace caer al Gobierno para frenar la revuelta pero se aferra al poder
Egipto se hunde en el caos. Ciudades como El Cairo, Alejandría y Suez son desde ayer un campo de batalla. Centenares de miles de personas se enfrentan a la policía y al Ejército. Se contabilizan al menos 29 muertos y más de 1.000 heridos.
Los egipcios desafían una feroz exhibición de violencia policial para exigir la dimisión del presidente Hosni Mubarak. Han sido inútiles la declaración de un toque de queda desde las seis de la tarde y el gas lacrimógeno, las balas de goma y los disparos al aire. Ha sido inútil imponer un apagón de comunicaciones que inutilizó los móviles e Internet y sacar los tanques. El régimen de Hosni Mubarak está al borde del colapso.
El presidente egipcio se dirigió anoche a la nación por medio de un mensaje emitido por la cadena estatal Nile TV, en lo que supone la primera reacción del régimen a la oleada de protestas. “Protegeré a Egipto” de la inestabilidad, pues “es una nación clave en la zona”, declaró. El rais egipcio, que dijo haber asumido personalmente el control de la seguridad nacional, anunció la formación de un nuevo Gobierno, cuya composición se conocerá hoy, y dijo entender las reclamaciones de libertad de los manifestantes, pero siempre que se formulen de una manera pacífica y legal. “Estoy al lado de la libertad de cada ciudadano”, dijo. “Trabajaré por la seguridad y por la libertad [de los egipcios]“, así como por mejorar la economía del país, añadió el mandatario.
El mensaje del presidente egipcio ponía fin al peor día de protestas desde que la contestación popular contra el régimen prendió el pasado martes. Las palabras de Mubarak, sin embargo, no calmaron a la multitud que continúa la calle y asegura que no la abandonará hasta que Mubarak deje el poder, informa Nuria Tesón. Los pequeños comercios de comida abrieron sus puertas aprovechando la emisión del discurso por televisión. Los manifestantes se acercaron a repostar y seguir las palabras del mandatario. “Es lo mismo de siempre”, protestaban, algunos de ellos llenos de golpes después de un día de disturbios. “No creemos en las reformas. Mubarak tiene que irse”.
La oposición oficial tampoco dio demasiado crédito a las palabras del rais e insistieron en la necesidad de que el gobernante renuncie. “El discurso de Mubarak no cumple con las aspiraciones del pueblo”, señaló un comunicado de la Asamblea Nacional para el Cambio, liderada por el Premio Nobel de la paz Mohamed el Baradei.
Ímpetu revolucionario
La multitud, joven y enardecida, está furiosa. Décadas de represión y miseria han estallado en una jornada de ira de ímpetu revolucionario. El país más importante y populoso del mundo árabe, el principal aliado de Estados Unidos (tras Israel) en Oriente Próximo, la sociedad que de alguna forma marca el patrón regional, está anoche en llamas. En El Cairo, el humo negro de las barricadas incendiadas se ha mezclado todo el día con el gas lacrimógeno y envuelve la ciudad en una nube de pesadilla y a la vez de euforia. Hay un precio: al menos 29 muertos en todo el país, según France Presse, y más de 1.000 heridos en la capital.
Los egipcios, siempre pacientes y bienhumorados, soportaron la opresión y la corrupción hasta que, sin previo aviso, estallaron. La protesta que surgió el martes en Internet, sin líderes, sin programa, sin otra ambición que romper cadenas, se amplió en unos días hasta abarcar a la población entera, o, al menos, a la enorme población urbana: solo en El Cairo viven más de 20 de los 80 millones de habitantes de Egipto. Los islamistas de los Hermanos Musulmanes se unieron a grupos cristianos, profesionales de clase media, muchachos frustrados, obreros, comerciantes, y salieron a la calle con un valor insospechado. Leer mas










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