Por Luciérnaga Curiosa
Los sucesos acontecidos esta semana en Bolivia son dignos de especial atencíon. Evo Morales, empecinado en copiar a Hugo Chávez, aunque con más apoyo popular y con menos pretenciones dictatoriales, ha sorprendido esta semana a sus compatriotas con un aumento en los combustibles del 82%. Sí, el mismo presidente que cuando era opositor pidió la destitución de Mesa por mucho menos:
Evo Morales planteó acortar el ciclo de Mesa y lo acusó de ser el “mayor enemigo de Bolivia” por aplicar esa medida y por no atender las demandas de los distintos sectores. El entonces líder cocalero criticaba la “ineficiencia” de la administración y exigía la suspensión de un decreto que establecía un incremento del 10% en el precio de la gasolina, el diesel y otros combustibles.
Lo cierto es que todos estos líderes mal llamados revolucionarios, no pueden con su tendencia autoritaria al arrebato y a la arbitrariedad.
Evo decidió regalar a su pueblo semejante “gasolinazo” para las navidades pero su Bolivia le demostró que no es sumisa, que no acepta las imposiciones y menos aun medidas que solo atentan contra los que menos tienen y contra los que más producen, todo para costear un proyecto político que no se sustenta por la realidad ni por la lógica.
Evo no es Hugo; el proceso social que encara el boliviano tiene una base real y apoyada justamente por esa mayoría que siempre fue minoría en Bolivia: los pueblos originarios. No cabe duda de que buenas intenciones guiaron a Evo al inicio de su mandato; pero el ser dependiente de las “gentilezas” de Hugo lo hicieron vulnerable al autoritarismo y lo obligaron a tomar partido por medidas y apoyos que de otra manera no hubiera ni pensado. No sé si no se da cuenta de las pretenciones imperiales de Chávez o si prefiere esa dependencia a la “otra”. No es consciente de que los puentes que está tendiendo a personajes como Ahmadineyad le costarán tan caros como los que ha tendido a Chávez. Pienso que ayer abrió los ojos. Fue duro ver cómo quemaban banderas venezolanas en las protestas, porque Venezuela no es Chávez. El cambio radical que ha dado Evo puede ilustrarse con una metáfora: abandonó su legendario suéter a rayas por lujosos trajes sastre, eso sí, conservando un touch “étnico”.
Pero el pueblo -el que lo eligió- le dijo basta esta semana. El pueblo se
movilizó; todos los sectores, hasta los mismos indígenas que parecían serle
incondicional. Y Evo tuvo que decir: anulo el decreto, doy marcha atrás, no hay gasolinazo.
Una importante lección nos dejaron los bolivianos a todos los latinoamericanos: que se puede. Si nos movilizamos y nos hacemos oir, nuestra fuerza es como la de un tsunami, pero un tsunami constructor.
Espero que esta lección que nos regalaron los hermanos bolivianos dé frutos muy pronto y por fin comencemos a cambiar nuestra realidad y que los tiranos y los que aspiran a serlo sean un mal recuerdo en la Historia.










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Pingback: “Hugo, me cago en tu dictadura cubana” | - 2 enero 2011