En la 36 edición de la Feria del Libro porteña la obra ”Tener lo que se tiene” (Adriana Hidalgo), la poesía reunida de Diana Bellessi, fue elegido el mejor libro del año.
La obra de 1200 páginas colecciona 35 años de poesía. Sus poemas acompañan a una generación de jóvenes poetas argentinos. La voz de sus versos dibuja sentidos y memoria. Desde los primeros durante su viaje de mochilera por América Latina hasta los últimos que piden que se unan la belleza y la justicia. Sus inicios estuvieron marcados por la tradición de ruptura y el reencuentro con la identidad latinoamericana. Su mirada actual regresa a los pequeños detalles y a la diversidad de la existencia. La observación de la belleza descomunal de la pequeña voz del mundo.
Reconoce como consecutivos el horror y lo maravilloso. Cree que lo pequeño es enorme pero que lo que importa es ese tonto y pequeño corazón humano.
Su obra ha estado marcada por su militancia feminista y social. Cada poema es el “índice del fulgor incandescente de una anecdota preciosa” según su prologuista Jorge Monteleone.
He construido un jardín…..
He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.
Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.
He construido un jardín
para dialogar
allí, codo a codo con la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón.
Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos -dejarse ir- para cuidarlo
y ser, el jardín.
Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano.
Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte,
Ahora la lengua puede desatarse para hablar.
Ella que nunca pudo el escalpelo del horror
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Sólo digerible al ojo del terror
si la belleza la sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido.
Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige, a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre el páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here, amor, pero sos, jardinera y no
jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.









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