En la dictadura de los Castro, el sueño más apetecido de todo cubano es ser un turista en su propio país. Lo cantan en “Sóngoro Cosongo”: “¡Con lo que un turista traga / nada más que en aguardiente / cualquiera un cuarto se paga!”
Ese anhelo refleja, más que un tratado social, el hundimiento del socialismo en la isla.
Ayer Raúl Castro, presidente de todos los poderes existentes en la heredad yoruba, con motivo de la conmemoración del 56 aniversario del asalto a Moncada y el 50 del triunfo de la Revolución, pronunció, en la ciudad de Holguín, un arenga repetitiva e inundada de los consabidos resabios fidelistas, pero sin el arranque del languidecido enfermo, que las holguineras y holguineros, bajo un sol de mil demonios, aplaudían al ritmo amargo de las necesidades apremiantes que duran la friolera de medio siglo. Leer artículo en Cadena Global.









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