José Alberto Álvarez Bravo.
LA HABANA, Cuba, julio (www.cubanet.org) – Disponiendo sólo de la madera con que se podría construir una chalupa, Fidel Castro pretendió erigirse en el Gran Timonel del trasatlántico del Caribe. Con una extensión territorial apenas suficiente para edificar una pequeña república, se empeñó en alcanzar los más pomposos títulos que a megalómanos y aduladores se les hayan ocurrido.
Creyéndose predestinado para suplantar, en los anales de la Historia Universal, a Carlomagno, Aníbal, Napoleón y Hitler, e imposibilitado de ensanchar los límites naturales de su feudo, dedicó los recursos de la nación a fomentar la subversión en medio mundo. El cálculo parece obvio: todo gobierno surgido del movimiento guerrillero, habría de ser, inexorablemente, títere suyo.
Cuántas veces se habrá visto a si mismo cubierto de entorchados y oropeles, asido al timón del “Cubanic”, y vitoreado por la muchedumbre que tanto desprecia.
Pero una cosa son los sueños…mas









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