Dicen que la duda ofende, así que diremos sin ambigüedades que el régimen cubano es una rancia y agónica dictadura, cuyas señas de identidad son la arbitrariedad y la violación constante de los derechos humanos, donde el pueblo cubano sobrevive a duras penas y el castrismo reinventa la revolución a golpe de actos de reafirmación patriótica y de cárcel. Aunque los adictos a la modorra cubana quieran ignorarlo, en las cárceles de Fidel Castro se consumen periodistas, poetas, escritores y gente que en su día cometió la imperdonable tropelía de pensar de forma diferente al dictador.
Muchos, acostumbrados a ver ciertos problemas desde la distancia, podemos pensar, que el número de opositores cubanos son pocos y la verdad es que no son muchos los que se ven, porque “el ojo del amo vigila el caballo”, pero hay una contestación soterrada y, ya lo veremos, el día que esa compuerta se abra, la indignación de decenios arrasará el castrismo como una pesadilla. Muchos pueden desde el exilio y dentro de Cuba sentir el orgullo de que sus nombre vaya unido a la historia por la democracia cubana, habiendo alcanzado algunos de ellos gran notoriedad internacional por su resistencia al remedo castrista: Oscar Espinosa Chepe, Martha Beatriz Roque, Oscar Elías Biscet, Héctor Maseda, Jorge Luis García Pérez, Oswaldo Payá, René Gómez Manzano, como la punta de lanza de quienes se niegan a doblegarse ante el estalinismo de un agónico Fidel. Leer artículo en Extremadura al Día









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