Por Roberto Escobedo Caicedo
Cuidado con los pueblos Centroamericanos, cuidado me obligan otra vez a pensar mal, definitivamente eso no se puede quedar así. El problema de Honduras es un plomo en la recámara de un fusil y sólo con un plomo en la recámara de un fusil se puede arreglar esto”. Declaraciones de Edén Pastora Gómez a Radio América, de Costa Rica, el 18 de julio pasado. Pastora está en Estelí, Nicaragua, junto a Manuel Zelaya Rosales, para acompañarlo en su supuesto ingreso “pacífico” a Honduras
El secretario general del comité central del FSLN, Daniel Ortega Saavedra y toda la plana mayor de esa organización terrorista y criminal sometida a disciplina internacional, están celebrando como si fuera uno de los grandes acontecimientos de la humanidad, el colapso de la dictablanda somocista el 19 de julio de 1979, celebrando como propio lo que fue producto de una insurrección del pueblo nicaragüense, respaldado por numerosos países y comités de solidaridad con Nicaragua.
Uno de los falsos revolucionarios que fue catapultado a la fama por la prensa internacional fue Edén Pastora Gómez, cuando al frente de un grupo de terroristas y aprovechando que ese día, 22 de agosto de 1978, por razones inexplicables, no llegó el pelotón de guardias nacionales a custodiar el Palacio Nacional, sede del Poder Legislativo de Nicaragua, lo tomó por asalto, manteniendo secuestrados a diputados, senadores y ciudadanos que realizaban gestiones en las oficinas gubernamentales. Mediante esta acción y para salvar a los rehenes, fueron puestos en libertad los antisociales sandinistas que purgaban penas de prisión, reintegrándose de inmediato a la lucha armada mediante procedimientos terroristas.
Aprovechando la ocasión, varios medios escritos de Nicaragua han entrevistado a algunas figuras relevantes de esa estafa política, social y económica cometida en perjuicio del pueblo nicaragüense, lo que ha permitido conocer aspectos insospechados de lo que realmente ocurrió al interior del FSLN o confirmar sospechas que flotaban en el ambiente. Uno de los entrevistados fue, precisamente, Edén Pastora Gómez, conocido como Comandante “Cero”.
Narra que varios años después de su exitoso asalto al Palacio Nacional de Nicaragua, pero antes del triunfo del 19 de julio de 1979, en la zona costarricense alquilada al FSLN por Rodrigo Carazo Odio, Presidente de Costa Rica, la facción tercerista encabezada por Daniel Ortega Saavedra, lo nombró Comandante en Jefe del Ejército Popular Sandinista, el que estaba entonces en proceso de formación. Esto fue como recompensa por ese operativo político-militar. Pero que desgraciadamente, a la hora del triunfo, lo marginaron y en su lugar fue designado por la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y Dirección Nacional del FSLN, Humberto Ortega Saavedra.
Recibió primeramente el nombramiento de Vice-Ministro del Interior, siendo el segundo del genocida, Tomás Borge Martínez, de quien dependían la Dirección General de Seguridad del Estado (DGSE) y el Sistema Penitenciario Sandinista (SPS), entre otros Directorios. Pero que al poco tiempo y para apartarlo de los centros de decisión política, fue designado Comandante en Jefe de las Milicias Populares Sandinistas (MPS), las que solamente existían en el papel, dedicándose a organizarlas y entrenar sus primeras unidades de combate.
Visitó en varias ocasiones a varios Comandantes de la Revolución y quedó asqueado de la vida que llevaban a expensas de los sufrimientos del pueblo nicaragüense, comportándose en la práctica como aristócratas de gustos refinados. Se acostumbraron a vivir en mansiones confiscadas, servidumbre abundante, comidas gourmet, automóviles BMW y Mercedes Benz, etc.
En ese entonces, período 1979-1990, Nicaragua se convirtió en un paraíso del terrorismo internacional. Llegaron como “internacionalistas” vulgares aventureros y toda clase de delincuentes del fuero común, los que fueron declarados huéspedes de honor de los sandinistas. Entre esos, menciona Pastora Gómez, se encontrban varios chilenos que trabajaron muy de cerca con Salvador Allende, el que fuera Presidente de Chile, respaldado por los grupos marxistas agrupados en la llamada Unidad Popular.
La experiencia de esos chilenos es que fue la clase media de su país la que impidió la consolidación del proyecto de dominación marxista de Salvador Allende, preparando con su férrea oposición a todo cambio estructural el golpe de Estado de los Jefes de las Fuerzas Armadas, el 11 de septiembre de 1973. Recomendaron a los llamados nueve Comandantes de la Revolución Popular Sandinista, terminar de una vez por todas con la clase media nicaragüense. Fue entonces cuando se dictaron toda clase de decretos represivos y se entrenaron escuadras de provocadores para amedrentar, intimidar y agredir a los que consideraban pertenecientes a los sectores medios de la población nicaragüense, obligándolos a emigrar del país si no querían ser asesinados o condenados a 30 años de prisión en los tribunales populares, bajo el cargo que eran el “gérmen de la contrarrevolución”.
Cansado de tanta marginación, Pastora Gómez, decidió largarse de Nicaragua. Dejó una carta, explicando las razones que lo obligaron a tomar tal decisión, diciendo entre otras cosas que pondría su metralleta al servicio de pueblos que lucharan por su liberación social, política y económica. Llegó a Guatemala, pero los grupos de guerrilleros y terroristas urbanos no lo aceptaron, porque revela en su entrevista que existía un pacto de caballeros entre la ultraderecha guatemalteca y el FSLN. Consistía en que Guatemala no ayudaría a la contrarrevolución nicaragüense, a cambio de que el sandinismo no enviara armas, municiones ni terroristas a Guatemala. Esto no es rigurosamente cierto, porque el Licenciado Mario Sandoval Alarcón, ex-vicepresidente de Guatemala y líder del Movimiento de Liberación Nacional, envió 180 voluntarios a Honduras, perfectamente equipados y al mando del jefe sus guardaespaldas, Eusebio Portillo, a luchar contra los sandinistas.
Viajó a Miami, donde entró en contacto con oficiales de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos, los que creyeron les iba a ser de gran utilidad para formar grupos contrarrevolucionarios en Costa Rica, para que de esta manera los sandinistas tuvieran que hacer frente a los ataques de los miembros de la Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN), instalados en Honduras y los que formaría Pastora Gómez. Es entonces cuando se pone en contacto con Humberto Ortega Saavedra, jefe del Ejército Popular Sandinista (EPS) y entre los dos acuerdan la creación de la Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE), supuestamente para atacar desde el sur a los sandinistas, pero en realidad para evitar que verdaderos enemigos de los opresores del pueblo nicaragüense pudieran instalarse en Costa Rica.
ARDE y el Bloque Opositor del Sur (BOS), formados ambos por colaboradores de los sandinistas como Pastora Gómez, Alfredo César Aguirre, Adolfo Chamorro César, etc., son los que operando como agentes de la contrainteligencia militar del EPS, sabotearon los esfuerzos de estructurar un ejército contrarrevolucionario en Costa Rica. Pero lo curioso del caso es que el residente de la CIA en Costa Rica era John Hull, propietario de fincas en la región de Guanacaste, donde existía un aeropuerto en el que aterrizaban los aviones cargados de pertrechos militares para ARDE.
Cuando estaban juzgando a Manuel Antonio Noriega en Miami, salieron a relucir documentos donde se registraban tres transacciones de venta de armas suministradas a Pastora Gómez a favor del ex-hombre fuerte de Panamá, cada una con valor de 750 mil dólares. Este a su vez se las revendía al Frente Farabundo Martí (FMLN) de El Salvador. Y para mejor aclarar o complicar la naturaleza de todas esas operaciones, después de 1990, se denunció en Nicaragua que John Hull y Humberto Ortega Saavedra eran socios en negocios de compra-venta de ganado en Chontales.
A través de estas declaraciones, Pastora Gómez se revela como un consumado traidor. Engañó a miles de jóvenes nicaragüenses que se internaron en territorio costarricense para luchar con las armas en la mano contra los sandinistas, alistándose bajo las banderas de ARDE, sin llegar nunca a disparar un tiro, como no sea en los polígonos de entrenamiento. Contribuyó de esta manera para que los farsantes y oportunistas impuestos como dirigentes políticos y militares de la Resistencia Nicaragüense, negociaran con los plenipotenciarios sandinistas, la desmovilización unilateral de sus efectivos, dejando al FSLN con su propio Ejército, su propia Policía y su propia Seguridad del Estado, organismos que hoy constituyen el poder coercitivo del Estado nicaragüense.
Ampliando sus declaraciones, Pastora Gómez revela que el sanginario dictador cubano, Fidel Castro, recomendó en varias ocasiones a los Comandantes de la Revolución Popular Sandinista que no se entregaran en manos de la Unión Soviética (URSS), porque sólo llevaban las de perder. También les hizo ver que poner en vigor las tarjetas de racionamiento y la militarización de los empleados gubernamentales, les restaría el apoyo de sectores importantes del pueblo nicaragüense.
Recuerda que Carlos Andrés Pérez, ex-gobernante de Venezuela, lo mismo que José López Porpillo, de México, igual que destacados representantes de la Internacional Socialista, les recomendaron a los nueve Comandantes convocar a elecciones generales en 1981, pero que con soberbia digna de mejor causa, contestaron que ya el pueblo se había pronunciado a favor de ellos y de forma plebiscitaria el 19 de julio de 1979.
Pero a Edén Pastora Gómez, como consumado oportunista que es y un traidor digno de figurar como tal en las páginas de la historia, omitió mencionar que el 20 de julio de 1979, en las escalinatas del Palacio Nacional de Nicaragua, ubicado en la ciudad de Managua, cuando una muchedumbre de nicaragüenses proclives al engaño aplaudía a los miembros de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y a los jefes de estos, los nueve Comandantes de la Revolución Popular Sandinista, tomó los micrófonos y dirigiéndose a los presentes y a quienes le escuchaban a través de las ondas hertzianas, lo siguiente: “Seré el fiscal de esta revolución. Nunca permitiré que sea traicionada”.
Fue el primero que la traicionó. Y después de recorrer caminos muy sinuosos, regresó a su vieja alma mater, el FSLN. Es en la actualidad un funcionario de tercera categoría en el Departamento del Río San Juan, donde vegeta tranquilamente con un salario que le paga Daniel Ortega Saavedra, aunque con fondos estatales, como recompensa por los viejos servicios prestados. Sic Transit, Gloriae Mundi.









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