Ni la Iglesia católica se salva de los espías cubanos.
Por: Carlos Alberto Montaner
Chris Simmons, ex coronel de la contrainteligencia norteamericana, asegura que hay decenas de espías cubanos dentro del gobierno norteamericano y en las universidades del país. La declaración vino a cuento de la detención de Walter Kendall Myers, alto funcionario del departamento de Estado, y de su mujer Gwendolyn. Myers espió durante tres décadas para Cuba y su motivación, como la de su mujer, era de carácter ideológico…
Simmons afirma que Cuba tiene uno de los mejores servicios de espionaje y contraespionaje del mundo. No hay una sola institución importante norteamericana que no haya sido penetrada directa o indirectamente por el G-2 cubano…
Lo interesante del caso Myers no es que lo reclutaran en el Departamento de Estado, sino que lo “sembraron” en ese organismo. Hace tres décadas, le pidieron que volviera a la institución. El objetivo: pasarle a Cuba información secreta de valor estratégico para usar, vender o canjear a naciones como la URSS o Irán. Esto sin duda lo han replicado o intentado repetir en la CIA, el FBI, el Ejército, el Departamento de Justicia, y en cualquier instancia administrativa, política o medio de comunicación donde poder recoger información sensible o tener una garganta para defender sutilmente los intereses del gobierno castrista.
No dudo, incluso, y seguramente Simmons tampoco, que los servicios cubanos intentaran “sembrar” o “cultivar” a una persona en el poder legislativo estadounidense. Hacer elegir a un congresista y mantenerlo en el Capitolio no es complicado, es sólo dar con el candidato adecuado y aportar discreta y permanentemente los recursos. Pero Estados Unidos no es el único objetivo del G-2 cubano. A principio de los noventa “voltearon” al jefe de la inteligencia española para América Latina, un teniente coronel de Infantería. Luego conquistaron a un eurodiputado socialista español al que convirtieron en su agente de influencia por medio del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, una de las ramas de la inteligencia cubana. Ni la Iglesia católica se salva de los espías cubanos. En los años sesenta le colocaron al sacerdote Manolo Ortega –culto y carismático–, en quien “el aparato” veía un futuro obispo, “y quién sabe si hasta un papa”.
Tras la desaparición de la dictadura comunista cubana, cuando se abran los archivos de la inteligencia, se verá hasta qué punto el Ministerio del Interior, adiestrados por la KGB y por la Stasi, con sus miles de agentes, colaboradores, docenas de entidades satélites, y sus enormes recursos dedicados a recabar información, desinformar, diseminar propaganda, o hasta matar, lograron éxitos asombrosos. El Minit no podrá, por supuesto, impedir el fin del sistema, pero las generaciones futuras al menos conseguirán entender cómo y por qué se sostuvo esa absurda y cruel manera de esclavizar a una sociedad ante la indiferencia de medio planeta y el aplauso de la otra mitad. Todo se sabrá. www.firmaspress.com
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